viernes, 14 de octubre de 2011

Oportunidades perdidas

Ella caminaba por Sucre, se dirigía a la estación para tomarse el tren que la llevaría a su hogar, sonaba Iron Maiden en su gastado Mp3 y las luces nocturnas alumbraban sus pasos. Ingenua cruzó la última calle, repleta de colectivos, que la separaba de los andenes. Iba a sacar sus monedas cuando notó que no había guardas entonces subió las escaleras y se metió en medio del tumulto de gente que intentaba terminar su jornada laboral para empezar a disfrutar del fin de semana. Pensó en comprar una revista o algo para comer, pero decidió seguir de largo. Casi al final del anden, antes de que terminara el sector donde había bancos, se paró mientras volaba entre sus recuerdos.
 En eso, un poco más adelante, un muchacho un par de años más grande  se asomó al borde del andén para ver si el tren estaba cerca. Ella salió de su ensoñación y lo miró: era rubio, no muy alto, un par de rastas, facciones alargadas, ojos celestes, una camperita color musgo medio gastada y unas babuchas color arena. Él sintió su mirada y la miró también.. Le sonrió. La chica pensó en acercarse hacia donde estaba él pero decidió no hacerlo.
 Unos minutos después el tren apareció en la estación. Para su sorpresa, el muchacho, caminó hacia ella y entró por la misma puerta. Apenas entraron vieron a un señor tocando la guitarra, un tanto desafinada, ninguno de los dos les presto mucha atención. Se pararon uno al lado del otro, él la golpeó con su mochila suavemente.. El tren estaba repleto y la multitud arrastro a la pobre chica hasta el otro lado de la puerta, alejándolo de él. Recordó que en su cartera tenía un par de hojas y una birome, las sacó y en un trozo de papel escribió "Sos Hermoso".
 Ya estaban llegando a su estación, tenía que apurarse, se dio vuelta para ir hacia el chico, cuando vio que   la miró, se dio vuelta y caminó hacia una parte libre del bagón... Ya no había más tiempo, el tren había parado y ella ,decepcionada, bajó. Se quedó allí en el andén, hasta que el tren arrancó y lo vio pasar, él la saludo y ella devolvió el saludo, quedándose con esa sensación de desperdicio, de oportunidades perdidas. Quién sabe que habrá pensado él, él ese que miraba desde la ventana y agitaba una mano para despedir a una chica que divisó en el tren una noche de viernes.

2 comentarios:

Emily Rigby dijo...

lo único que hay de falso en esta historia es que a vos no te gusta iron maiden. MENTIROSA (ahrre)

Emily Rigby dijo...

igual desearía que me pasara lo mismo eh Ni envidiosa soy